Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Serie Emociones

El Enfado que salió como un Volcán

Imagen
Reflexiones de una abuela sobre la rabia. "Como veis en el dibujo de hoy, la familia es como un árbol... los padres son las ramas que protegen y yo intento ser esa raíz que da calma y enseña a respirar". La chispa del enfado A veces, dentro de nosotros empieza a crecer un calor extraño. Nace en la barriga, sube por el pecho y, si no tenemos cuidado, sale por la boca como la lava de un volcán o nos empuja a tirar al suelo lo primero que tengamos en la mano. Así le pasó a Jordi en este cuento: lanzó su lápiz porque el enfado le controlaba e incluso el reloj... acabó teniendo la culpa de su rabieta. La mirada de la yaya Como abuela, observo estas “explosiones” desde una barrera a veces complicada. Los padres están delante y mi papel es respetar su espacio. Veo a Jordi y a Sofía buscar culpables entre ellos; y también veo a Daniela, ya con 17 años, sintiendo que los pequeños son los consentidos, aunque ella misma no siempre razone ese sentimiento de ser la mayor. En esos momentos...

"El Huequito de la Tristeza: lo que no cabe en el vídeo".

Imagen
  Cuando la tristeza también enseña En este dibujo he querido guardar lo que, a veces, las palabras no alcanzan a decir. La lluvia no son gotas... son corazones que nutren.  Porque incluso la tristeza, cuando se abraza, nos ayuda a crecer. Si os fijáis en el paraguas, de él brotan los 'dramas' de Sofía (el coche, los juegos...) transformados en flores sonrientes. Y en el centro, el detalle que más me emociona: las manos de Jordi y Sofía . Ella con su pulsera de flores y él con su toque de superhéroe. Unidos para recordarnos que, a veces, el amor es simplemente estar. Detrás de "El Huequito de la Tristeza" La idea de este cuento nació, principalmente, observando a mis nietos. Para escribirlo, me documenté mucho sobre cómo sienten las emociones los niños y los adolescentes. Y entendí algo fundamental que, con los años, a veces, olvidamos. Mirando a mis nietos he comprendido que no existen penas pequeñas. Lo que a mis ojos de adulta puede parecer algo sin importancia, pa...

El día que el tiempo decidió descansar

Imagen
  ​                                                     Aquí veis mi nido de la Calma   Esos lápices de colores gastados representan los que uso para dibujar las historias de Jordi y Sofía. Pero hoy, para empezar esta serie de emociones, no están pintando. He querido que descansen en un nido mullido, en mitad del silencio del parque. Es mi forma de decir que hasta mis colores, a veces, necesitan parar y buscar refugio en la naturaleza para recargarse. Son, para mí, los colores de la Calma. ​Cuando el "me aburro" se convierte en oportunidad ​A veces, el silencio es el mejor regalo que podemos hacernos, aunque hoy en día parezca el más difícil de encontrar. ​Hace poco, me vi sentada en el salón de casa observando a mis nietos. La escena era la de cualquier hogar moderno: la televisión encendida con dibujos, juguetes repartidos por la alfombra, li...