El día que el tiempo decidió descansar
Esos lápices de colores gastados representan los que uso para dibujar las historias de Jordi y Sofía. Pero hoy, para empezar esta serie de emociones, no están pintando. He querido que descansen en un nido mullido, en mitad del silencio del parque. Es mi forma de decir que hasta mis colores, a veces, necesitan parar y buscar refugio en la naturaleza para recargarse. Son, para mí, los colores de la Calma.
Cuando el "me aburro" se convierte en oportunidad
A veces, el silencio es el mejor regalo que podemos hacernos, aunque hoy en día parezca el más difícil de encontrar.
Hace poco, me vi sentada en el salón de casa observando a mis nietos. La escena era la de cualquier hogar moderno: la televisión encendida con dibujos, juguetes repartidos por la alfombra, libretas y lápices de colores por todas partes... Tenían de todo y, sin embargo, escuché esas palabras que tanto nos descolocan a los adultos: "Me aburro".
En ese instante comprendí algo importante: para ellos, nada de aquello era suficiente. Estamos en una época distinta; no sirve de nada comparar cómo jugábamos nosotros. Mi reto no es enseñarles a vivir en mi pasado, sino aprender yo a caminar con ellos en su presente y ayudarles a descubrir lo que es invisible a los ojos.
Del ruido del salón al lenguaje de los pájaros
Sin decir mucho, les pedí que dejáramos todo aquello y saliéramos a la calle. Fuimos al parque, nos detuvimos y les hice una invitación: "A ver si sabéis qué quieren decirnos esos pájaros". Me sorprendió gratamente cómo imaginaban lo que le decían los pequeños animalitos.
Les pedí que observaran el movimiento de las hojas, el susurro del viento entre las ramas y el ritmo de las personas al pasar. En ese cambio de ritmo, del caos de juegos del salón a la observación del parque, nació la inspiración para este cuento: "El tiempo se paró un ratito".
La calma: la llave maestra de las emociones
Muchos os preguntaréis por qué el aburrimiento me llevó a la calma. Para mí, el aburrimiento es la puerta. Cuando un niño dice "me aburro", en realidad tiene una oportunidad de oro para dejar de mirar los objetos y empezar a mirar la vida. Pero para cruzar esa puerta hace falta calma. Sin ella, el aburrimiento se vuelve rabia o tristeza.
No pretendo dar consejos a ningún padre ni a ningún abuelo; cada casa es un mundo. Solo comparto mi humilde experiencia: a veces, para que el mundo de nuestros nietos brille de verdad, no necesitamos comprarles más cosas, sino enseñarles a parar el tiempo un ratito.
¡Gracias por vuestro cariño!
Quiero daros las gracias de todo corazón por pasar este ratito conmigo en mi cuaderno. Me hace muy feliz saber que estos cuentos, que nacen de las aventuras de mis nietos Jordi y Sofía, os acompañan también a vosotros.
Si os ha gustado, no olvidéis compartirlo con otros peques y dejarme un comentario. ¡Me encanta leeros!
Con todo mi cariño. La Yaya Paqui
Os invito a ver el cuento completo y a que, después, busquéis vuestro propio momento de silencio.

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